Posteado por: alianzademocraticaoriental | 9 octubre 2011

El trabajo de la desvergüenza

Por Cristian Toranzo Fundichely (MCJD-ADO)

En todas las sociedades del mundo existen personas que se dedican día y noche a garantizar la persecución y neutralización de delitos que toda razón humana acepta. Unos de los casos son los asesinatos y actos terroristas, para poner ejemplo. En Cuba, esto no es la excepción. Pero existen otros tantos muchachos que realizan otro labor llamada en el argot oficialista “enfrentamiento a la contrarrevolución,” o simplemente “enfrentamiento,” y que forma parte de los órganos de la Seguridad del Estado.

Para todo el pueblo cubano, esto no es ajeno. Se conocen entre la población por su persecución al pensamiento distinto y a todas esas manifestaciones objetivas derivadas de la miseria a la que se ha conducido nuestra nación. Pero no es un trabajo difícil. Se le compara aún con mayor proporción que la Gestapo de Adolf Hitler, o las Camisas Marrones de Benito Mussolini, sumando el alto grado de mafiosidad que sobrepasa a cualquier Cosa Nostra o Cartel de Medellín. Pues ni el mismísimo Al Capone llegaría tan bajo.

Entre las estrategias de estos muchachos se encuentra aterrorizar a opositores y familiares de los mismos usando las mas sucias y aberrantes amenazas de muerte y prisión. Los actos de repudio, que mi pueblo antillano y cubano conoce bien, es otro método de terrorismo de estado, pues son estas mismas autoridades las encargadas de organizarlos y a azuzar a los partidarios del régimen a dar golpes y ofender a las víctimas aunque luego los funcionarios cataloguen de pueblo indignado a la chusma de delincuentes y vaciladores de la miel del poder de la que tanto habló Fidel Castro. Aunque también los hay que se están muriendo de hambre o recibiendo remesas de ese país al que catalogan de enemigo.

Crear trampas, multar sin razón, golpear, encarcelar, reprimir, intentar aislar a opositores pacíficos, amenazar a sus amistades, expulsarlos de sus centros laborales de estudio, no escapan a los medios de represión utilizados. También, creando situaciones desinformativas, o “chisme” para ser exacto, en torno a cualquier situación operativa para justificar sus prepotentes acciones.

Pero es así. Los chicos de la policía política se encargan del trabajo sucio. De esa parte indigna que es, por ejemplo, pintar carteles de “¡Viva Fidel!” en las paredes y alrededores de las viviendas de los disidentes, o ir casa por casa buscando las personas para que asistan a mítines fantasmas para reabastecerse de ese supuesto apoyo de las masas que todos saben que no existe. Porque el que no se quitó la venda de los ojos, se la dejo puesta, a conveniencia propia—porque el que no inventó para sobrevivir, lo esta haciendo ahora y se convierte en blanco fácil del chantaje castrista.

Todos los sistemas dictatoriales y de cortes totalitarios necesitan de personas que se encarguen de limpiar todo vestigio de oposición. Aunque se utilicen para ellos cualquier estratagema, que incluye la violación de las propias leyes existentes. Lo hizo Stalin, Mao, Hitler, Saddam Hussein, Franco y, por supuesto, el propio Fidel Castro y otros tantos dictadores y tiranos famosos de la historia. Todo un trabajo de la desvergüenza.


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