Tsunami

Por: Rolando Rodríguez Lovaina

 

“Tsunami”, fue la alerta anunciada por alguien que a prisa daba la noticia en la estación de Astros en la ciudad de Baracoa. Estaba ubicado en la estación de La Bahía, cuando me disponía a viajar a la capital provincial el martes 12 de enero. Eran las 6:10 pm.

Como un cubo de agua helada encima de las bajas temperaturas registradas en los últimos días, cayó la noticia que jamás hubieran esperado escuchar los pobladores de la primera Villa fundada en 1512 por el español  Diego Velásquez. Entre altos parlantes, carros de bomberos y helicópteros toda la ciudad quedó paralizada por el aviso del desastre natural. Sobre las 4:30 PM algunos habían sentido la sacudida de los efectos del terremoto que castigó a Haití.

La movilización ocurrió hacia las zonas más altas del casco histórico que ocupa el barrio del Paraíso. La zona del malecón, la playa, el Turey, la Reforma, la Pasada, Joa y Boca de Miel son las consideradas las más peligrosas por su cercanía al mar y ríos adyacentes.

Se habla de cifras de 30,000 personas evacuadas y una población general de alrededor de 85,000 habitantes. Lo cierto es que entre el desespero, el llanto y la gente empujándose, lo vivido fue aterrador. Para tomar el ómnibus nadie creyó en mujeres, ancianos y niños. La mayoría atinaba a reclamar por su  equipaje que llegó a demorar la salida del bus. Comprendí el por qué de la miseria. Un señor de porte rudo y bigotes anchos soltó la frase una vez calmadas las tensiones: “el problema es que no hay disciplina social”, como si salvar la vida llevara un reglamento.

En el hospital, los enfermos que pudieron, zafaron los sueros que se les suministraba y abandonaron el lugar, otros quedaron sin amparo pues sus médicos se esfumaron del dispensario. Un féretro quedó sólo y el Primer Secretario del Partido del municipio, afirma mi hermano, recogió a su familia y abandonó el pueblo en uno de los carros que tiene a su disposición.

Afectada todavía por los huracanes que azotaron la región en el 2008  y los fenómenos denominados mar de leva donde muchos baracoenses perjudicados aún esperan por la reconstrucción de sus viviendas derrumbadas, la ciudad vio embotellada sus vías principales. Recordé la serie mostrada por la televisión del meteoro Katrina que destruyó parte de Nuevo Orleans en los Estados Unidos. La cantidad de muertos que arrastró consigo el fenómeno meteorológico sumaron miles. En aquel desastre el gobierno cubano reprochó la no existencia de “medidas de contingencia” por parte del gobierno del vecino del Norte ante los desastres naturales.

Hoy regresaba a la normalidad la vida en la ciudad. Todo quedó en el recuerdo como un susto, pero con el sobresalto de que cualquier día pudieran las revueltas aguas del océano cubrir la urbe más antigua de Cuba.

Espero que las autoridades locales extremen las medidas para una eventual catástrofe, porque ante la furia de la madre natura, la política no sirve de nada.

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