Constante P.

Por: Yordis García Fornier. (Guantánamo)

Salí hoy temprano, como otro cualquiera a buscar dos libras de carne de puerco para hacer un almuerzo para 7 personas, cifra que compone el núcleo familiar de donde convivo. Luego vine a dar la vuelta por el barrio solo escuche la negativa en los pocos puntos de venta y la clásica frase “la cosa esta mala”. Para completar, cuándo iba de regreso a casa después de una infructuosa búsqueda sentí un grito ¡Yordis! Que rápidamente identifique que provenía de la autoridad. Era el capitán Sergio, Jefe de Sector de la zona, un connotado represor, un negrón alto, fuerte y siempre con mala cara. Hasta tiene bola regada de corrupto, algo normal en las autoridades.

Me buscaba desde el día anterior, me había citado legalmente y yo no había asistido pues no era oficial. Entramos al sector de la PNR situado en la esquina de mi casa dirigido por la seguridad del estado, y comenzó la conversación. Empezó cuestionando mis ideales y amenazando con llevarme preso bajo el cargo de peligrosidad social predelictiva si no desistía de mi activismo político. “Si me llevas a prisión solo demostrarás una vez más que el que falla es el sistema, no yo”. Le conteste algo indignado.

En eso hizo entrada un arrogante teniente coronel vestido de azul que me ofendió con palabrotas en mal cubano y el capitán Eliécer jefe de unidad de la prisión Combinado de Guantánamo, cuando estuve recluido ahí en el 2008 hasta finales del 2009 aconsejando al jefe de sector que me dejara, que yo era “incorregible”.

Un oficial del DTI también mandado por la seguridad del estado, comenzó a acusarme culpándome con sandeces, al tiempo que pedía permiso para empapelarme desde ese momento como peligroso social y llevarme el mismo a la cárcel. Al final lo de siempre, una carta de advertencia llena de mentiras. Bueno, el papel aguanta lo que le pongan, por supuesto no la firme.

Me devolvieron el Carné de Identidad a regañadientes y con muy pocas ganas. Me reuní con mi hermano de causa Isael Poeda Silva que me esperaba fuera, y nos alejamos. Yo solo pensaba que por culpa de la policía, el DTI y la Seguridad del Estado no pude almorzar con las dos dichosas libras de carne, tuve que hacerlo con frijoles. Como dice el dicho, ” Si no hay perros, se montea con gatos”.

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