Pensar distinto y tragar callado

Ciudad de Guantánamo, 26 de marzo del 2010.

 Por Rolando Rodríguez Lobaina

He vuelto a ser detenido, esta vez en Bayamo, el día 24. Andaba con el escritor y periodista Luís Felipe Rojas Rosabal y el activista campesino Eduardo Torres Hernández. Habíamos llegado sobre la media noche anterior a la histórica ciudad que quemaron los mambises en tiempos de la colonia, para que el ejército español no la ocupara, después del alzamiento de La Demajagua iniciado por el Padre de la Patria en 1868.

Tres autos patrullas y un auto marca LADA con los dos jefes principales del Departamento de Enfrentamiento de la Seguridad del Estado en esa provincia, tomaron lugar en el arresto en horas bien tempranas cuando nos disponíamos a continuar viaje hacia otros lares, empeñados en promover el blog colectivo de los orientales “Palenque Cubano”. Fuimos conducidos al Departamento de Operaciones de la Seguridad del Estado ubicado en las afueras del pueblo.

En horas de la tarde nos repartieron como mercancía hacia nuestras respectivas provincias. A Luís Felipe rumbo a Holguín, a Eduardo camino a Santiago de Cuba y a mí de vuelta a Guantánamo.

De nuevo a Operaciones de Guantánamo (centro de tortura dirigida, diría más bien). Me tocó la celda numero trece, tapiada como todas, semi-obscura, maloliente, muchos mosquitos, sucia como ninguna y la alimentación súper reducida. Entiendo, los mosquitos tienen que chuparnos la sangre a toda costa porque con la cantidad de alimentos dado a los recluidos allí, ni el minúsculo estómago de los insectos se llena. No podía faltar la usurpación de mis pertenencias: mi teléfono celular, un mini diccionario en español (mi lengua) y un libro sobre el Partido de Color, existente en nuestro país en  el año 1912, ambos ediciones nacionales. La jefatura militar orientó además comunicarme que sería deportado cada vez que viaje a cualquier parte dentro de Cuba.

En mi injusto encierro que duró hasta las 6:20pm de la tarde del siguiente día, recordé la mentalidad radical de un jefe militar de Bayamo con grados de Mayor. Me dijo este oficial ante mi postura  renuente a la opresión, que todos los cubanos  podíamos pensar como quisiéramos. O sea, que a nadie en este país se le condena porque piense distinto, lo que sí constituye delito, según el oficial, es lo que se hace con lo que se piensa y se dice. Entonces interpreté el papel buenote de este militar intentando convencerme de que es correcta la política del gobierno aplicada contra el pueblo, incluyendo la existencia de presos políticos en las cárceles de la isla. Todos podemos pensar lo que queramos pero no compartirlo con nadie, si es posible dentro de la casa, era su idea. Olvidándose este señor de nuestra responsabilidad e inquietudes como ciudadanos libres y dueños de nuestros bienes patrios. También nuestro genuino derecho a participar en las incidencias de la nación y hasta de rebelarnos si el gobierno no cumplimenta y satisface el deseo mayoritario popular.

El anterior represor que me interrogó antepuso lo que para mi resulta  el preludio de un desastre. Me afirmó que el gobierno había pasado a una fase superior ofensiva contra el movimiento opositor interno. De aquí las consecuencias devenidas de la protesta de Camagüey el día 3 de febrero por la vida de Orlando Zapata Tamayo(los manifestantes fueron duramente golpeados), la embestida contra las Damas de Blanco  en la capital recientemente y la posibilidad si fuese necesario de lanzar los tanques de guerra a las calles.

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