Mi padre

Ciudad de Baracoa, Guantánamo, 21 de mayo de 2010.

Por Rolando Rodríguez Lobaina

 Anselmo Ramón Rodríguez Azahares, padre de Néstor y Rolando Rodríguez Lobaina

Hace un mes exacto cumplió  74 años Anselmo Ramón Rodríguez Azahares, mi padre. No lo entrevisté antes por problemas de enfermedad.

Inició sus estudios a los 10 años en una escuela rural de Baracoa, su ciudad natal. En septiembre de 1958 los rebeldes lo secuestraron en la zona de Moa. Por esa época trabajaba como peón en una compañía constructora norteamericana (Frederick Sneear) y vivía en Punta Gorda, área de rebeldes. Su oficio era la albañilería.

Hijo de militar del gobierno de Batista, su padre radicaba en el cuartel de Moa. Supone que el secuestro realizado en su hogar, en horas de la medianoche junto con 4 personas más, estaba sujeto a medidas de seguridad. Transitó por varios campamentos hasta que lo dejaron ubicado en los Indios de Sagua de Tánamo. Allí le celebran un juicio con un tribunal militar improvisado, lo acusaban de formar parte del ejército de Batista. Lo obligaron a trabajos forzados, tuvo que hacer trincheras en zona de combate. Las labores eran por las noches.

Su papá informó la situación al mando superior de Baracoa y deciden tomar de rehén a familiares rebeldes hasta que se efectúa el canje. Alega que no hubo maltratos a esos familiares.

Cuando triunfa la Revolución se incorpora al fervor revolucionario, trabajaba como constructor en el INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria) y estudiaba en la secundaria Obrera hasta que alcanza nivel medio superior. Eran tiempos del lema Estudio, Trabajo y Fusil. Así que durante los sucesos del ataque a Playa Girón lo obligan a incorporarse a las milicias para que defendiera las costas de Baracoa. En 1965 lo envían a La Habana a estudiar Construcción Civil e Industrial (5 años) hasta que se gradúa de técnico especialista.

Posteriormente estuvo albergado durante 10 años participando en obras de construcción. Dentro de las obras de construcción que formó parte estuvieron: Poblado de Birán, Micro 7 y Micro 9 (Distrito José Martí en Santiago de Cuba), la Pasteurizadora de Santiago de Cuba. También en proyectos de organización de las obras de Educación, haciendo escuelas, como directivo (asesoría). Por méritos ingresó en el Instituto de Proyectos del Ministerio de la Construcción en Santiago. Laboró en el estadio de pelota de Baracoa, la conversión del cuartel de Baracoa en hotel, fábrica de vivienda (Sistema Gran Panel 4) en Guantánamo, círculos infantiles y otros en Baracoa.

En su período de estancia en Baracoa, el organismo de su rama desplegó una fuerte hostilidad que lo obliga a prepararse en leyes laborales. Intentan despedirlo en dos oportunidades de su trabajo por los dirigentes de base de la empresa. Fue a juicio laboral y pierde el pleito. Me refiere que el sindicato y la administración era la misma cosa e impugna la resolución de base y el asunto fue a parar a los tribunales municipales, provinciales y al Supremo. En todos ganó y le indemnizaron su puesto de trabajo y el salario del año que estuvo suspendido, de ese tiempo de mi papá en casa recuerdo algo en mi infancia cuando se dedicaba a realizar planos de construcción de viviendas a pedido personal. De esa manera hacía llegar a la casa unos reales.

Los responsables fueron sancionados y el nuevo jefe lo ubica de inspector de obra en el municipio hasta que alcanza su jubilación por problemas de salud.

Permaneció durante 38 años en el sector de la Construcción, adquiere su casa (donde yo nací, calle Martí 434 apto F Baracoa Guantánamo) por asignación de sindicato no sin antes entregar la que había heredado de sus abuelos mambises en la barriada de La Punta, de la misma ciudad. Lleva 43 años viviendo en la referida casa y aún paga la misma al estado. Su retiro de la vida activa laboral le dejó como pensión 142,00 $ moneda nacional. Jamás desvió recurso alguno para satisfacer necesidades personales, aún cuando era padre de 7 hijos y lo necesitaba. Tampoco la empresa le dio crédito alguno.

No obstante, la vida le deparó otra tarea colosal. Durante los inicios de mi hermano Néstor en la lucha cívica contra la tiranía de los hermanos Castro, el mismo fue víctima de brutales acciones represivas contra su persona. Sin embargo, mi padre se las ingenió para adentrarse aún más en las leyes y procedimientos penales cubanos, algo que le granjeó incluso el respeto de los militares. De esa forma, en no pocas oportunidades, su tenacidad valió para defender y salvaguardar la vida de mi hermano. Aunque no le bastó para que hace unos meses los militares lo detuvieran y lo llevaran al cuartel policíaco donde permaneció detenido por espacio de 7 horas (plantado), como parte de la política represiva llevada a cabo contra sus dos hijos opositores. Actualmente muchas personas lo consultan para problemas con la justicia.

Con una educación conservadora, propia de los tiempos que le tocó vivir, nunca olvidaré su insistente empeño en que todos estudiáramos para que fuésemos alguien en la vida.

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