Carta de un preso a Raúl Rivero

Ciudad de Guantánamo, 7 de junio de 2010.

Por Rolando Rodríguez Lobaina

Con fecha 21 de mayo, tengo en mis manos una carta del preso Roberley Villalobos Torres, recluido en el Combinado de prisiones de Guantánamo, dirigida al poeta y escritor Raúl Rivero. No quiero extenderme en lo que creo no me pertenece, y si algo me mueve, creyendo en el templo que representa el ser humano, es sencillamente la grandeza que constituye a veces convertir a través de acciones pequeñas, obras de incalculable valor humano.

Como no tengo la forma de hacerle llegar esta misiva a Rivero, espero me disculpe la publicación de esta misiva en mi atrevimiento, teniendo en cuenta que solo el sufrimiento del proscrito lo permite todo. Insisto en salvar la vida de este muchacho.

Estimado Raúl:

Llevo toda la vida – desde que partiste- intentando hallar la vía que me conduzca a ti y diciéndome ¡Cómo es difícil!

Te recuerdo educándome a toda hora, confiando en la persona interior que descubriste en mí y que yo no podía ver porque la sangre de las heridas abiertas a fuerza de años de tortura me inundaba los ojos.

Te miro como cada mañana, cada tarde, cada noche y escucho una por una tus palabras cargadas de ciencia, de paternidad, de paciencia. Pero nada cayó en el lodo de la ingratitud, y la semilla que plantaste en mi alma y en mi mente hoy son árboles frondosos de frutos exquisitos que me guarecen, me alimentan y me protegen de todas las tempestades por la que atraviesa mi vida hasta hoy.

Me salvaste del odio, de la cierta ignorancia, de tantas cosas elementales. Puliste mi espíritu con manos sensibles (finas por excelencia) y fuerte como garras de león encausando mi rebeldía sin moldura.

Gracias por devolverme la autoestima arrancada sádicamente por seres desnaturalizados. Hoy soy un hombre suficiente, optimista, dinámico que ama parecerse a sí mismo y que no anda llorisqueando o lamentándose -donde nadie lo pueda ver- por la muerte de un solo padre porque ahora me quejo por todos; y entonces aquel egoísta cegado al dejar de existir -de muchos modos- me hizo reaparecer como una persona mejorada.

Si ocurriera mi muy querido amigo, que no sepa más de ti por tu espontánea voluntad o por mil sencillas razones de la vida, me quedará por encima de todo eso, y resultantemente -sin que yo haya hecho para merecerlo- la incalculable fortuna de haberte encontrado en mi perdido camino y el del conocimiento – útil para todo- que me regalaste.

Creo firmemente que ya estoy curado y preparado para  todo aquello que me comentabas, sería un crimen que mi inteligencia se perdiera vanamente. Deseo con todo el corazón elevarla al servicio de nuestro país, de nuestra gente, y solo tú puedes ponerla a la altura y medida correspondiente. Te amo viejo, solo tienes que poner en mis manos un libro, una pluma y unas cuantas hojas. Te abrazo y le doy un beso a tu esposa, a todos tus hijos y a la china que ya debe ser toda una señorita. Hace poco volví a ver El Balcón de los Helechos y me emocionaba buscando a María Carla en el aula.

Adiós Raúl, si tienes algún tiempo disponible échale un vistazo a algunas cositas que he escrito, házmelo saber, por favor por esta vía. Los viernes a las 2pm me corresponde el teléfono, te estaré esperando siempre.

                                                                                      Roberley Villalobos Torres

 

 Desde el régimen especial de la Prisión Provincial de Guantánamo, Carretera a El Salvador, km 2 ½, Guantánamo.

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