Apuntes de un diario en prisión

Por Rolando Rodríguez Lobaina

Desde la Prisión Provincial Combinado de  Guantánamo, Destacamento 2B, C-18.  

Me llaman el político, como a todos los que como yo luchan por la libertad y la democracia de mi país y somos llevados a prisión como forma de castigo o tan solo para minimizar nuestras actividades civilistas en las calles.

Con este calificativo se me acercan los reos para intercambiar sus impresiones y problemas donde han sido víctimas de injusticia o maltratos. Así pude leer un diario realizado por un reo común quien me pidió le echara una ojeada.

Lo curioso de los pliegues, realizado al alcance de sus posibilidades, es la incidencia caótica de la alimentación, roturas de la turbina que bombea el agua a los destacamentos y algunos hechos relevantes como el recluso jefe de cocina llamado Campo que amaneció ahorcado el 11 de agosto de este mismo año.

Sobre el rancho, que es el nombre dado por la población penal a las comidas que ofrecen en esta prisión, revelan los escritos del reo que es el mismo casi todos los días: arroz blanco, huevo hervido, potaje de chícharo y harina dulce, todo mal elaborado. Esto es en el almuerzo por la tarde solo cambia el huevo por una croqueta de harina frita que no tiene sabor, muchas veces con mal olor.

Aunque comentan que los métodos de la Shakira o el Balancín ya no se aplican en este centro, aparece registrado en los apuntes que Maikel López Mustelier, residente del Reparto Caribe, fue objeto de esta política hace 3 meses. Mustelier alegaba estar mal sancionado y reclamaba que lo sacaran a trabajar.

Las autoridades hacían caso omiso a sus peticiones y decide suicidarse. Del cuello le quitaron la soga y  le aplicaron el Balancín, fue llevado a la celda donde permaneció desde las 1:00AM hasta la mañana. Ese día lo bajan en la tarde para este destacamento y comienzan los dolores en el abdomen. Intentaron calmarlo con pastillas pero fue tanto la demora que cuando lo llevaron al hospital el médico afirmó que si se demoraba un minuto más hubiera muerto de una peritonitis.

No está hecho el diario con la intención de denunciar, con trazos ininteligibles cada experiencia que vive este reo lo plasma como un campanazo en el oído que tendrá resonancia para el resto de sus días. Una prueba para contar que regresó del infierno.

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