Rindámosle un culto a lo insólito

Por Alfredo Rodríguez Lobaina

Municipio Cueto, Holguín, poblado de Birán.

En repetidas ocasiones hemos estado en presencia de casos y actitudes de nuestros actuales dirigentes que por la magnitud de sus acciones bien podrían calificarse de insólitos, dignos de ser recogidos en un libro de récord donde solamente sean capaces de aparecer la verdadera historia de lo absurdo.
Nuestro país, como todos, está poblado de museos que recogen entre sus salas toda una muestra de nuestra historia como así también la de otros pueblos que tanto por sus bellezas como por los objetos expuestos hacen un recorrido por el grande quehacer de la cultura, la vida y lucha de grandes hombres y desaparecidos por el paso del tiempo, pero que bien merecen ser recordados por lo que representaron en su momento; pero venerarlo en vida es algo más que un acontecimiento, es más bien rendirle un culto a la personalidad sin límites, de todo lo cual la historia de la humanidad ya guarda lamentables y aborrecibles recuerdos.

La época de los Césares, en la edad antigua, se hacían construir grandes monumentos y estatuas para perpetuar su recuerdo; Leónidas Trujillo, el dominicano, con el mismo fin bautizaba calles con su nombre, además de sus estatuas y sus cientos de condecoraciones que ensalzaban batallas y epopeyas nunca realizadas.

Pero parece que la historia ni olvidada ni regalada vuelve a surgir con nuevos acontecimiento y matices, esta vez no en un país lejano, sino en nuestra tierra, en nuestra isla.

Haciendo un recorrido por nuestra provincia holguinera, visitando uno de sus municipios, Cueto, pudimos constatar que en Birán, específicamente, algún o algunos de esos fieles servidores del actual gobierno de la isla, solícitos y presurosos tomaron la “feliz idea” de convertir la casa donde vivieran los Castro Ruz en un agradable e instructivo “Rentable Museo”. Claro, nos estamos refiriendo al lugar donde nació y vivió en sus años mozos el señor Fidel Castro Ruz quizás un poco para empezar a venerarlo en vida. Un recorrido por esta estancia nos muestra aspectos de su vida: dónde durmió, corrió y vivió este singular personaje. Quizás con un poco de imaginación también el visitante, puede ver el baño y salvando las distancias y el tiempo también podría ver el feliz niño tranquilamente haciendo su feliz caquita. El extranjero, naturalmente, después de pagar la módica cantidad de cinco dólares, sin derecho a fotografiar nada, porque de querer hacerlo deberá pagar diez dólares, o quince si desea filmar el acontecimiento para que le sirva como mudo testimonio para la posteridad.

Este lucrativo museo, según al decir de sus vecinos, recauda en la temporada alta (en referencia a la etapa del año en que visitan a la isla más turistas) un aproximado de mil dólares diarios, de acuerdo a su eficiente económica, responsable de la recaudación de este lucrativo e instructivo centro laboral.

Sus solícitos empleados, atentos, serviciales y perfectamente entrenados, como en todos los centros turísticos, son capaces de brindarles todo un panorama de armonía y vivencia de la familia Castro, aventuras y travesuras de sus hijos como si estuviéramos en presencia de una de las mil aventuras de Emilio Salgari.

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