Sal y agua

Ghandi en la Marcha por la Sal, 1930

Cristian Toranzo Fundichely (MCJD-ADO)

Hace unos días que se vendieron algunos alimentos a la veterana libreta de racionamiento. En esta ocasión, como por obra y gracia del espíritu Castro, había llegado sal.

Cuba está rodeada de mar, de salinas naturales y artificiales de las que su producto sale a la venta en el mercado internacional. Sin embargo, el pueblo sufre escasez del que es el producto talvez más utilizado en nuestros hogares. Es triste ver cómo se vende, racionado, un paquete de un kilogramo para seis personas cada tres meses. Como es lógico, sobre el tema han habido varias manifestaciones, que estoy seguro que no existe una que agrade al gobierno.

He estado pensando que quizás se podría hacer una caminata para ir en busca del cloruro de sodio, nombre científico de este compuesto binario. Una caminata sin consignas ni carteles, una “Satyagraha” al estilo de Ghandi, ese indio que tanto elevó la lucha pacifica no violenta. Es irónico, por algo tan simple como la sal. ¡Vaya! A lo mejor podríamos ir a prisión por algo como eso. ¡Qué estupidez de la razón humana!

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