EN CUBA. La dictadura. Entre la debacle y los miedos.

Por: Alberto Olivares Nuñez
Presidente del Foro Cubano de Concertación Nacional Sobre Democracia y Economía – CUBA
La más intensificada represión desplegada por la policía política, en conjunto con las amaestradas hordas porristas, a su instruido mando, contra el movimiento civilista cubano. La sutil filtración de una videoconferencia, a elegidos oficiales de la Seguridad del Estado y el Ministerio del Interior, alertando sobre los planes de agresión de los EE.UU. contra el régimen, utilizando las novedosas tecnologías de la informática y las comunicaciones, comunes a todos los ciudadanos del mundo, con excepción de Cuba . La mediática campaña, de perturbada acusación, persecución y criminalización del uso de la Internet y la comunicación satelital, no controlada, ni intervenida policialmente por el régimen. La escaramuzada revelación de dos soplones de poca monta y un autoinculpado pecador, que se flagela ante el pavoroso miedo de ser libre. Y el prolongado proceso incriminatorio, contra un norteamericano acusado de entrar armas prohibidas de comunicación a Cuba, como computadoras y teléfonos satelitales, están definiendo la especial atención de la dictadura Castrista destinada a refrenar y penalizar el uso de medios y sistemas, propios de la civilización y el desarrollo de las personas y el mundo, que sólo son delitos sancionables, en la extendida granja feudal de los Castros, en Birán.

Esta arremetida campaña difamatoria, contra los sistemas informáticos y las comunicaciones, en posibilidad de ser utilizadas en cualquier parte del mundo por toda la población, incluidos los más pequeños niños en sus hogares y escuelas, demuestra la vergonzante debilidad e incapacidad del régimen Castrista, para sostenerse sin la férrea reprensión, que durante todo medio siglo de implacable autocracia partidista sirvieron para someter a los cubanos, entre los rígidos moldes del sectarismo impuesto por Castro y correligionarios, como tradicional método de poder medieval. Con el ridículo propósito de impedir la generalización de esas adelantas tecnologías, en Cuba y a los cubanos, se ha orquestado toda una grotesca cruzada intimidatoria, contra todos los que en Cuba desafían los coercidos esquemas doctrinarios de control y manipulación ejercidos por quienes hacen del poder, un excrescencial lecho de maniobras subyugantes.

Los cavernarios y hasta estúpidos procedimientos utilizados por el régimen destinados a impedir que los cubanos puedan acceder y confrontar con otras personas del mundo sus particulares intereses, motivaciones y propósitos, sin el amordazamiento y vigilancia policial en que funciona la vida en Cuba, ponen de relieve el transferido miedo que comienza a circular dentro de las estructuras partidistas y militares del régimen, en atemorizante apercibimiento del real cambio, -en la mente y la conducta de las personas- contenido en los avances de las ciencias y las técnicas. La ruptura de las barreras físicas, políticas y comunicativas que propician los sistemas de las comunicaciones y la informática en el mundo, ponen a prueba diaria, las plenas capacidades intelectivas y expresivas de las personas; y en especial, funcionan como ejemplar muestra del desarrollo humano destinado a libertar a las personas y sociedades de los rígidos fundamentos doctrinarios en que se les cautiva la vida.

Con esta excedida demostración de fuerza, alertamientos atemorizantes y ataques contra el movimiento civil cubano los gendarmes del poder sólo están expresando el espanto, por las consecuencias de ser barridos, cuando no existen más incumplidas promesas que ofrecer; tampoco milagros económicos provenientes de socorridos pactos o arcas exteriores; menos capacidad de cambio en las anquilosadas estructuras del poder, que igualmente temen, que cualquier variación del estatus quo, signifique el desplome del oscilatorio andamiaje en que todavía se logra sostener el régimen. Así, manipulando toda la maquinaria policial represiva, con la confabulada orquestación de los controlados canales de difusión, aduladores de turno y las combinadas organizaciones paramilitares creadas por el régimen para vigilar, denunciar y servir de repudiable coro, en cuantas demoníacas cruzadas decida acometer el aparato político-militar, se procura, ya inútilmente, detener el auge del movimiento cívico nacional, o al menos infructuosamente demorarlo, hasta quizás agotar la vida física de sus fenecientes regidores.

Como si fuera poco, a la delicada situación del régimen de La Habana, se suman las revoluciones populares en proceso creciente, en África del Norte y Medio Oriente, por las mismas infrahumanas condiciones existentes en Cuba, de hambruna, precariedades y sometimiento que sus gobernantes ejercieron sobre ellos, hasta agotar las resistencias de los pueblos, cuando coherentemente decidieron romper las aprisionantes cadenas del autoritarismo primitivo y fundamentalista causante de sus calamidades y miserias. Las perdurables carencias existenciales, la desmedida alza de los precios impuestas, especialmente por estos gobiernos personales; los crecientes gravámenes y las aumentadas tarifas que actúan como rapaces usurpadores del poco dinero, como peones percibido; todo esto, unido a la general malversación y la probada discapacidad gubernamental que tienen los sistemas totalitarios para generar alimentos, patrimonios y progresos hacen categóricamente frágiles estos sistemas, que bajo cualquier adoptado dogma o doctrina sucumben ante la incapacidad de regenerarse dialécticamente, utilizando todo el potencial de creación y obra contenidos en los hombre y las sociedades, en libertad de decidir conscientemente sus mejores concordados intereses, ideas y metas.

Prohibir el libre flujo Internet, los sistemas de telefonía satelital y la capacidad comunicativa de los cubanos con otros y con ellos mismos, utilizando todo el prodigio de la inteligencia mundial convertido en desarrollo y progreso de las sociedades, más que vergüenza produce repulsa, tanto hacia las autoridades que todavía intentan seguir dominando la conducta y la mente de las personas, como en los que sometidamente son parte activa o pasiva de esta vil manera de acriminar, como en el medioevo, lo que representan el conocimiento y las ciencias. En la estrecha mente de los atribuidos gendarmes del poder en Cuba, cualquier utilizado adelanto o proceder que signifique librarse de las imperantes ordenanzas y ataduras del inquisidor sistema, simboliza las tentaciones del demonio, por lo que debe ser ejemplarmente reprendido en nombre del Santo Oficio, personificado penal y agresivamente, en el Partido y la Policía Política; los hechos, demostrativos del evidente derrumbamiento del Castrismo y todo lo que a el compete y relaciona hacen llamar la atención, que en este inevitable hundimiento, la bestia herida, procure arrastrar todo lo que a su paso existe; incluidos, cartabones y brújulas, cuadrantes y sextantes.

A escasos días de celebrarse el convocado Sexto Congreso del Partido, la situación agro-productiva es depauperante en todos los renglones; se acumulan las deudas; decrece la producción; se vende hasta el último litro del petróleo canjeado por las asistencias médicas, educativas y deportivas; y junto con los despidos, paralización de obras cierres de empresas y establecimientos, la vida en el país comienza a enrumbarse a la nada. Hoy nadie puede calcular en Cuba, el lesivo daño que representa a la nación que medio millón, primero, y después hasta completar un millón cuatrocientos mil trabajadores abandonen sus originarias funciones y empleos como la única contradictoria práctica empleada por el régimen para ahorrar, en una sociedad que antes obligatoriamente estatizó y donde prohibió penalmente hasta los oficios más elementales. Pero lo más humillante de estos despidos y estimulación gubernamental a que las personas cesanteadas se ganen el sustento vendiendo fritas o verduras, es lo que representa en afectación moral, psicológica y económica en esos ahora marginados trabajadores haber adquirido -durante tantos dedicados años- los conocimientos que son indivisamente representativos del esfuerzo en el tiempo y las metas de los hombres convertido en oficio, profesión o empleo; y para la nación, fuente de provechosos progresos propios y sociales.

Dentro de este degenerativo estado de la nación, donde nadie produce siguen apareciendo las reflexiones del mayor culpable de toda la ruindad económica, social y moral en que esta entrampada la sociedad cubana; obviamente, peroratas panfletarias de copiar y pegar muy lejanas a la penosa situación nacional. Dedicado a ejercer una usurpada función de árbitro vidente internacional, todo parece indicar la real suposición de su forzado retiro, al frente del partido, para lo cual ya no cuenta con la movilidad ni la capacidad de convocatoria por tantos años utilizada, para embaucar en esperanzadoras promesas al pueblo cubano, jamás cumplidas. Este retiro entra en la lógica sucesión y mandato de Raúl, a quien se le atribuyen pocas acciones renovadoras en todo su ya considerable mandato, imputable a interferencias ejercidas por Fidel, en el marco de su posición al frente del partido; lo que parece no encajar en este asunto de los nombramiento a las forzadas vacantes, es el comentado ascenso del hijo de Raúl en la línea de sucesión, y quien sabe si hasta su cercano yerno, aún tras bambalina.

Y no parece encajar, -mucho menos en estos momentos- porque lo hermanaría peligrosamente con los gobiernos de Túnez, Egipto, Bahrein, Libia, Yemen, Corea del Norte, y otros afines, donde la sucesión hereditaria; además de las mismas miserias es fundamentada causa del derrocamiento o las revoluciones que decidieron acabar con las dinastías existentes. No obstante, el mayor peligro, aunque indiscutiblemente implícito en las simetrías, está más en el insospechado cisma que puede surgir dentro de la Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, al relegar a oficiales y cuadros de muy alto nivel, cualidades y méritos, por quienes el reconocimiento les llega más por nepotismo familiar, que por acciones y derechos.

La imperativa nominación de un Segundo Secretario del Partido, tampoco puede recaer en Machado Ventura, quien sólo goza del afecto de los hermanos; así, que los puestos pueden estar dispuestos, en primer lugar para Ramiro Valdés, quien siempre resultó la confianza de Fidel, y con igual íntima condición el General de Cuerpo de Ejercito y Primer Vice Ministro de las Fuerzas Armadas Leopoldo Cintras Frías. Otros nominados a estos selectivos puestos del Buró Político pudieran ser los Generales López Miera, Espinosa Martín y los tres jefes de ejército; y algún que otro recién designado ministro, como es el caso de la Controladora General de la República donde
coincide el cargo con su condición de mujer; y otros potenciales candidatos, del anterior equipo de ayudantía de Raúl Castro.

Entre cambios estratégicos, pulsaciones políticas y el cada vez más agravado panorama nacional los denominados comunistas cubanos se aprestan a celebrar su Sexto Congreso, donde una simplísima parte de su selecta membresía habrá de decidir por el futuro de toda una nación, que le impiden el libre ejercicio de la palabra, y la asociación política o gremial; aún cuando los sindicatos pueden estar simbolizados en el Congreso, demostradamente, nada han hecho los adulones sindicalistas por atenuar los masivos despidos registrados en todo el territorio nacional, sin ninguna protección económica-financiera que les permita a los desechados trabajadores conseguir el mínimo sustento para sus vidas y familias. Sólo el repunte de activadas manifestaciones confrontativas en torno a los despidos y las pérdidas de las seguridades económicas, ocurridas por causa del inepto desempeño del Estado empleador, han alarmado al aparato político-militar regente en Cuba, quien rápidamente llamó a moderar los despidos y garantizar algunas prestaciones a quienes ya declararon no necesario; aunque en un sistema declarado insolvente, toda promesa hoy es menos posible de creer, como imposible de cumplir.

En un sistema basado en el estado de necesidad, la coerción, las represiones y los miedos; la situación actual parece indicar que ahora son los agentes del poder quienes temen el estallido de una insubordinación nacional, de imprevisibles consecuencias generalizadas, cuando los precios y las necesidades de alimentos resulten inaccesibles a la mayor cantidad de personas, llevadas a una impuesta condición mendigante. Aunque el miedo todavía es presente en muchos círculos sociales, más en personas que asocian su aceptada esclavitud con el premio de no encontrase en la lista de despidos; pese a esto, es imposible que alguien en Cuba confié en cualquier promesa salida de quienes son insensibles culpable de sus agónicas existencias. Dicen que los pueblos tienen a los gobernantes que merecen; y esta generación que muere con el régimen al cual confiaron sus esperanzas, no es la misma que en estos momentos crece y será la responsable de recomponer constitucional y estructuralmente la verdadera República de todos y con todos, que idealizó nuestro Apóstol, y causa fecunda para tantos mártires y héroes, inscriptos en el pabellón historiográfico de la nación.

La dictadura Castrista, boga como el barco que hace agua y bota su carga, cuando no mejor su timonel. El tema de los derechos humanos; las esperadas medidas correctivas destinadas a solucionar los graves errores de competencia y conducción indirectamente imputados en discursos y asambleas al predecesor hermano, por obvio sin necesidad mencionar; como las posibilidades del mejoramiento de las relaciones con los EE.UU. centraron la atención sobre el desempeño de la actual dirección del régimen, que subsiste entrampada en las mismas obsoletas posiciones responsables del deplorable estado nacional. Hoy, todas las agencias que monitorean la situación de los derechos humanos en el mundo, las de prensa, las organizaciones de ayuda y socorro, analistas internacionales; todos coinciden en afirmar que, -aunque se condena penalmente menos-, las acciones policiales son más brutales, más sistemáticas las represiones contra personas y grupos; mayor hostigamiento verbal y físico; también se incrementaron las detenciones y deportaciones; y estimularon la actuación de soplones y porristas en su función intimidatoria y represora.

A pesar del concordato con España, centrado en la liberación de prisioneros a cambio de preferencias comerciales y pagos a acreedores, la situación de las libertades y derechos es una tergiversada maniobra enfocada a quitarse las presiones y sanciones impuestas por la Unión Europea, en conjunto, con los EE.UU. y otras instituciones internacionales. En lo fundamental, el régimen de La Habana con estos destierros aspira, primero: descomprensionar la situación interna; y en segundo lugar intentar poder recibir alguna financiación, imprescindible para hacer perdurar más, su demoníaco sistema. Por tanto, las obligadas deportaciones no constituyen ningún paso de avance en la democratización y recomposición armónica de la nación y los cubanos. El diálogo de las autoridades es con los cubanos que hacen causa común en la redención nacional, y no en la Iglesia católica, que se intentó anotar un mérito reconciliativo, que le resulta impropio.

En cuanto a la relación con los EE.UU., ningún gesto; ninguno, ninguno por bueno y proficiente que resulte a Cuba y a los cubanos jamás, jamás, jamás será suficientemente bueno para ser aceptado como un sólido basamento, constitutivo de las precisas medidas consignadas al mejoramiento de las relaciones entre ambas naciones; sobretodo, si conocemos que a lo largo de la historia de la Dictadura Castrista todos y cada una de las intenciones de los EE.UU. en este sentido fueron frustrada porque el Castrismo, como muchos de los gobiernos que clonadamente componen el ALBA, basan sus políticas y programas partidistas en el insidioso antagonismo anti-norteamericano, que utilitariamente usan para abonar el deslucido floral, de sus excrescencias tribunicias; porque saben bien, que en una mejor relación ningún discurso aguanta el peso de la individual libertad de los ciudadanos de poder decidir, sin la malévola enemistad que se ocultan tras estos regímenes dictatoriales.

El tiempo, que todo lo puede y logra señala el rumbo de una nueva alborada para Cuba y los cubanos, todos; no importa que la noche fuera muy fría y tenebrosa. Más temprano que tarde ya amanece, con un sol que será luz para todos; luz a la tierra y luz a los hombres para que en la iluminación prosperen las ideas y las obras que habrán de dar progreso y bienestar a los cubanos, que no tendrán que esconder sus ideas o morir en sus miedos. La Dictadura naufraga sin posible remedio salvífico con quienes la impusieron; y no importa ya el tiempo, en finalmente se pierda tragada en la inconmensurabilidad del abismo de lo pasado. Desde el balcón de la historia se han visto caer milenarios imperios; la justicia será de nuevo y cada cual será juzgado según sus obras. Sin otro recurso, que los torpes coletazos de un tiburón herido, hoy la dictadura está herida de muerte; y el miedo se hace presente y pasa de las víctimas a los victimarios, que en este laberíntico final procuran arrastrar todo, al torbellino de su naufragio. Pero, pese a estas duras pruebas; y pese al tormentoso Santo Oficio, ¡cubanos!, la tierra se mueve.

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