Herencia

Por Jorge Corrales Ceballos

Guantánamo, 22 de marzo de 2011.


Conocí a los que habitaban aquel desvencijado lugar esa mañana, una ancianita menuda parada en la puerta de aquella armazón de madera carcomida, con hendijas por donde puede verse la miseria interior cual si fuese un equipo de rayo X. Había pasado infinidad de veces por esa calle, nunca se me ocurrió pensar que ese habitáculo podría estar poblado. Extrañado, pregunté a mis acompañantes ¿Quién es? Uno me respondió: “vive ahí y seguro que todavía no ha tomado ni café”. Eran las 10 de la mañana.

Elsa Leiva Simonó tiene 87 años de edad, vive con su esposo Gaspar Ordoñez Leiva de 95 el cual sufre de amnesia senil, dos ancianos desamparados con una historia de necesidades difícil de describir.

Con el trato amable y la voz dulce que caracteriza las personas de su edad les dijimos que si podía darnos un trago de café. La señora accedió con la condición de si lo buscábamos nosotros porque café no tenía y el azúcar se le había acabado, “el problema es que no alcanza para el mes, solo el gobierno da por la canasta básica 4 libras del gramíneo para el mes”, agregó la anciana.

Mientras resolvíamos los ingredientes para la coladita me retuve mirándola encendiendo un fogón de carbón, lo hacía derritiéndole un nailon encendido como medio de carburante. Le hablé de sus derechos y que el estado cubano tenía responsabilidad por ellos. Apenas escuchaba extrañada y comprendí que no sabía de lo que hablaba.

A pesar de este tétrico cuadro el gobierno continúa con las medidas de recortar el presupuesto de los pensionados y los desempleos. Una bandera que les garantizó la simpatía popular desde los inicios del 1959 como forma de arroparse de todas las propiedades en la isla y de las personas.

La gente atina a decir poco, cada vez más desconfiado de los dictámenes gubernamentales y hastiados de las arengas “revolucionarias” que nada producen a no ser irritación.

La octogenaria nos despidió como suelen hacer los sabios, propio de la experiencia ganada por el tiempo vivido, “solo Dios sabe por qué hace las cosas, a mí parece me condenó a heredar lo que tengo”. Un síntoma de la fe que se adquiere cuando la desgracia toca a tu puerta, sin saber que solo unos demonios en el poder son los culpables de este desastre llamado socialismo.

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