TAN MENDIGOS COMO EL

Por: Randy Caballero Suárez.

               Baracoa.

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Se hace notar en Baracoa la mendicidad y la pobreza, la necesidad abarca un gran espacio de la misma, tiene varias formas y colores, pero su arista más visible es el diario ir y venir de aquellos que más golpeados han sido por la vida. En plena vía pública se nota a personas de cualquier edad deambulando de un lado a otro, solo con la esperanza y el consuelo de que alguien les dé lo que ellos no tienen: el añorado peso para ver si la suerte les acompaña y en algún comedor de mala muerte, donde se les venden ¿alimentos? a personas de bajos ingresos    pueden comprar una ración de arroz con frijoles o con picadillo de soya, no importa si este se encuentra en estado de descomposición como está de moda venderlo ahora en la red de comercio o si despide olor nauseabundo, lo importante es llevar a sus estómagos algo que les haga sentir que continúan vivos.

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Hace unas dos semanas en las inmediaciones del recién re-modelado parque central, mientras disfrutaba sentado de la brisa vespertina, fui testigo de un panorama para nada alentador, sucedía en medio de una oleada de turistas extranjeros que en compañía de un guía recorrían las afueras de la iglesia católica, situada en un extremo del parque: dos jóvenes mujeres, menores de treinta años cada una seguían a un anciano de nacionalidad desconocida, el cual portaba entre sus manos un moderno modelo de computadora laptop, el visitante se acomodó en uno de los bancos del parque, mientras encendió su monitor intentando navegar por la red, cuando una de las dos jóvenes se le acercó provocándole conversación, transcurridos menos de diez minutos se escuchó un alboroto y al voltear vi a las dos jóvenes correr a toda máquina con el equipo arrebatado al anciano, este, casi sin poder, las seguía dando voces de espanto y ayuda, acto seguido el recinto quedó vacío,todos los presentes, incluyéndome a mí, abandonamos el parque evitando tener que prestar declaración cuando llegase la policía, quien unos metros más adelante daba captura a las dos jovencitas, el espectáculo se torno bochornoso y aunque parezca increíble, fueron pocos los curiosos que se acercaron a indagar, esta es otra de las aristas de la mendicidad, el robo y el pillaje, los cuales se han convertido en pan diario de muchas personas, las cuales atadas de pies y manos, intentan sobrevivir a cualquier costo dentro de una sociedad cada vez más injusta y más irresponsable con aquellos que menos tienen.

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A un extremo del parque se levantó una estatua del famoso Pelú, aquel el cual la leyenda popular culpa de los males de la Villa de Baracoa, a su alrededor deambulan una serie de mendigos que en el ir y venir se confunden con este harapiento caballero, su aspecto detalla la necesidad y el abandono, sus pasos entre la multitud revelan.

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