Angeles o Demonios

Por:  Yordis Garcia Fournier. MCJD-ADO

Una mezcla de sensaciones vino a mí hace algunos días, cuando me encontré frente a frente con uno de los antiguos uniformados represores más activos en mi contra. Solamente a cargo de él he contabilizado cerca de 15 injustas detenciones que padecí tiempos atrás, desde una falsa alteración del orden público, hasta un absurdo desacato, obviamente fabricado intencionalmente.  ”Dios te bendiga hermano”, dijo aquel hombre con voz casi afable, “no, mejor te digo que Dios te perdone por todo lo que me has hecho”, le respondí como un gato engrifado anunciando pelea. Lo que yo pensé que sería una discusión y una posterior detención, resulto ser una conversación que me conmovió tanto que sentí la necesidad de escribirla, por supuesto sin revelar su identidad para no buscarle un revolcón con sus amiguitos que andan de civil.

Delante de unas cuantas personas presentes en aquel lugar público, me pidió perdón. Me dijo que solo con la ayuda de Dios se había dado cuenta lo injusto que había sido, conmigo y con otras personas más, que en lo que respecta a él, yo no tendría más problemas como los que habíamos tenido en el pasado. Me hizo recordar a los policías que nos acusaron a mí y a Isael Poveda Silva, o ichy, como cariñosamente le decimos sus amigos, por mandato de la Seguridad del Estado(DSE), en el año 2008, y que nos llevó a prisión: a mí con 1 año, y a él con 1 y 6 meses, quienes también me confesaron que no tenían nada en mi contra, que solo lo hacían para no perder sus empleos, pues era por orden del “Lily Modas”(cuartel general del D.S.E. en Guantánamo), y que la presión que sentían por lo que habían hecho, era lo que lo impulsaba a buscar el perdón.

Todo eso solo demuestra que muchos de los que nos reprimen por nuestras ideas de libertad para nuestro país, no lo hacen por convicción ni mucho menos, solo lo hacen por su salario -por cierto que es de los más altos en Cuba- y que muchas veces saben que los activistas de derechos humanos que luchamos dentro de la isla, tenemos la razón, y las cosas que reclamamos también los afecta a ellos y a sus familias.

Luego de un rato de conversación – yo atónito –volvió aquel hombre a darme la mano, y en tono un poco calmado, expresó,”A partir de ahora seré diferente, y como mismo les hice mal, a ti y a otros como tú, ahora trataré de hacerles bien. Realmente no sabía que pensar en ese momento, pero después con la cabeza fría, me di cuenta que estaba siendo sincero, y de corazón, que Dios lo perdone.

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