Los progenitores de Kafka

Nunca pensé que tras perder el carné de identidad pudiera sucederme lo que a continuación relato. Luego de comprar el sello de 10 pesos moneda nacional, y las 3 fotos para reponer este documento identificativo, me personé en la unidad de la policía parque 24, sita en la calle Bernabé Varona, entre Calixto García y Pedro A Pérez, de la ciudad de Guantánamo. Tras una larga cola y al entrar en la oficina donde una mujer policía recogía sellos y fotos; la discusión entre dicha mujer y dos peticionantes, hizo que esta mujer abandonara el recinto, dejándome solo sentado en el sillón del lugar y al lado de una computadora que aún seguía encendida. Eche un vistazo a lo que contenía la pantalla del ordenador y; ¿cuál no sería mi sorpresa al observar mi ficha policial con una foto distorsionada y debajo, como índice explicativo la denominación de “incompetencia mental”? Pude mirar y volver a repasar una y otra vez dicho informe. La funcionaria volvió a los pocos minutos. Pero mis desasosiegos no iban a terminar ahí. Poco después se me dijo que caminara por el pasillo de la instalación hacia otra oficina de trámites. Allí, otra funcionaria me presentó un papel para que lo firmara en el que hacía constancia de la entrega del documento de identificación. Sin embargo en el papel venía estampada esta nota: firma del padre en la que se autoriza la entrega de estos documentos, y debajo una firma extrañamente garabateada, como si alguien la hubiese hecho de una manera rápida. Por supuesto, no era la rúbrica de mi padre (cosa que pude confirmar poco después al conversar con él).

Bueno, me dije, esto explica muchas cosas. La cantidad de centros de trabajo en los que fui rechazado sin que me dieran siquiera una explicación, tramites hechos que resultaron fallidos y quizás alguna cosas más. De golpe y porrazo quedaba inhabilitado para trabajar, adquirir alguna propiedad, visitar otras provincias o; simpe y llanamente vivir una vida tranquila en sociedad. Pero resulta que ni siquiera era considerado responsable para manejar mis propios documentos. Todo esto por el solo hecho de ser disidente.

La Seguridad del Estado, en contubernio con la policía me ha creado una ficha “fantasma” sin que yo sospechara nada de esto.

Ahora bien; si el régimen cubano se aboga la facultad para falsificarles antecedentes a los ciudadanos sin que medien para ello ni procesos judiciales o políticos, ni constataciones psicométricas o de cualquier otra índole, entonces pregunto.

¿Quién es el dueño de nuestra propia identidad personal? ¿Quién decide acera de lo que se pone en nuestros papeles personales? y, ¿Por qué todos estos datos solo son accesibles para la policía?

Y le pregunto también a usted que lee estas letras. ¿Sabe usted que le han puesto en su ficha policial?

Frank Junior Salazar Rey

Guantánamo, Movimiento Cubano de Jóvenes por la Democracia.

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