UNA CUBA QUE ES OTRA CUBA OTRA CUBA OTRA CUBA

Por: José Alberto Olazábal.

…siempre los momentos más terribles políticos y económicos, son los momentos más fructíferos, intelectual y literariamente.”

José Koser.

La historia de este país ―la de cualquier país― es como un mapa, a pesar de que exista una simbología para leerlo; este, es un intrincado sistema de signos dispuesto a explicarlo todo sin poder dar una respuesta definitiva. Mucho se ha escrito sobre el tema y cada quien intenta o ha intentado dar con la respuesta, o en todo caso una explicación posible de quién es el cubano. Uno de los que más se acercó fue el ensayista republicano Jorge Mañach en su Indagación al Choteo, allí profundiza en nuestro carácter y aventura una teoría muy aguda sobre el peso de nuestro carácter trasplantado, el no poseer raíces vivas de nuestra cultura originaria, ese núcleo compacto de significación y destino, que ha potenciado el devenir en todos los países de vieja historia. Algunos piensan que fue un pesimista cuando su pensamiento y su acción siempre buscaron un entendimiento, una expansión; eso que al final le provocó el exilio y posiblemente la muerte.

500 años en la vida de un país es poco tiempo, ese es nuestro caso si se compara con uno o más milenios que tienen otras culturas; en ese tiempo, muy dilatado para la percepción humana, pero muy necesario para el crecimiento de ese organismo súper complejo que es un país y un devenir, nosotros, con una historia tan agitada y convulsa, no hemos tenido tiempo suficiente para metabolizar, es decir, comprender e integrar acontecimientos, pasar de un periodo histórico al siguiente con la necesaria absorción de las causas y una visión de las posibles consecuencias, nos hemos vistos conminados a vivirlos en rápida sucesión: primero una Colonia incompleta históricamente dio paso a una República azarosa y seguidamente entramos en el periodo socialista de golpe. El espacio de este comentario no permite un análisis más a fondo, y no soy yo quizás el que mejor pueda hacerlo.

A partir de ese periodo que comienza a partir del 1959y que dura hasta hoy, empezamos a enfrentarnos progresivamente a uno de los momentos más insólitos de toda nuestra historia. Primero llenos de gozo y esperanza por el cambio luego de un extenso periodo de incertidumbres, esperando al fin poder construir un país donde la voz de todos tuviera un lugar y una representación, después, extrañados por unos cambios que no eran los que se nos habían prometido. En los primeros años, también comenzaron a cambiar las expectativas en aquellos que sí estaban atentos. Las instituciones fueron sustituidas progresivamente por otras cada vez más ineficientes en su excesiva centralización. Los planes de producción se dilataban, siempre existía una justificación; la economía cayó dramáticamente, baste saber que en el mismo 59´ ocupábamos el tercer lugar de la economía en Latinoamérica, veinte años después estábamos entre los últimos.

El entramado político, social, económico, arquitectónico, cultural, se fue deteriorando lentamente pero sin detenerse según los años pasaban. Siempre se nos decía que con cada nueva medida, con cada plan de reforma, sí íbamos a resolver los problemas, y los sueños nunca se cumplieron. Eso ha durado hasta hoy en un periodo de 50 y tantos años, y nos sentimos perdidos en nuestro camino, casi sin aliento para continuar. Ahora y después de tanto tiempo, seguimos en intentos que son más experimentación que cordura, sometidos a nuevos avatares que se bifurcan cada vez más sin encontrar soluciones, y los problemas crecen y se multiplican sin respuestas. Nos encontramos en una encrucijada sin solución posible. El cubano, se dice por ahí, se empeña en resistir o en esperar. No sé realmente que resiste, o qué espera.

Unos aún creen que los problemas se resolverán solo con un poco más de tiempo, cuando las nuevas medidas, las de ahora, empiecen a dar sus resultados. Muchos, lentamente acostumbrados por los años a la obediencia, o por simple pereza mental, esperan secretamente a otro líder, a alguien que los saque del atolladero, que le muestre un camino o le dé las soluciones. Otros quieren un cambio pero temen exigirlo, saben de sobra el costo de ese intento. Otra buena parte ya no espera nada y se contentan con vivir de día en día: ver la televisión, ir a la pelota, jugar al dominó, trabajar lo menos posible, sobrevivir día a día, o beber en las esquinas; le han dado la espalda definitivamente a la realidad, viven sus vidas y tratan de no mirar a los lados, ¿para qué?

Lo cierto es que de muchos modos posibles y reales persistimos en la búsqueda. Y según avanza el tiempo y con más acontecimientos a la espalda en este devenir, existen nuevas visiones para aquellos que se empeñan a pesar de todo, en entender, o en cambiar eso que está allá afuera. Eso somos todos, los que nos vemos vivir día a día, y conocemos o creemos conocer todas las vueltas y revueltas de este camino. En este mapa los símbolos son muchos, y cada cual hace su lectura.

Los medios, bueno, los medios siguen en su eterna cantaleta, dale que dale con las alabanzas desmedidas a los dirigentes o a los fundadores, como seres que nunca se equivocan, o con el sutil acostúmbrate, eso de emplear la sicología dirigida a la persona para tratar problemas sociales; y las soluciones que no aparecen por ninguna parte, y hablo de soluciones reales, que nos incluyan a todos, no de aquellas que bajan por la canalita de siempre, no de simulacros o de poner parches a problemas de superficie, que es al final no resolver nada. Hay asuntos de los que llevamos hablando décadas, y otros que mutan incesantemente siendo en el fondo lo mismo; ¿desde cuándo escuchamos hablar de los salideros, el uso personal de bienes estatales, del maltrato a los consumidores, de la indisciplina social, las guaguas o la calidad del pan?; yo que he vivido aquí toda mi vida los escucho desde que era un niño.

En la otra parte del espectro de posibilidades en este mapa imaginario, existen los que perdieron la paciencia y el miedo, que es decir, bastante, y se oponen al estado de cosas de un modo directo; cansados de escuchar lo mismo por los profesionales de la información, o por los ministros que se suceden en la escena; crean grupos, asociaciones y partidos para reclamar sus derechos y los de la mayoría en silencio, y ya sabemos los avatares a los que están sometidos; aun así, la cantidad y variedad de estos grupos no decrece, y su composición e intereses es heterogénea; es por esta vía que se conoce fuera del país ―y algunas veces dentro―lo que sucede.

Están por otro lado los artistas, que dentro de los circuitos aprobados de publicaciones, exposiciones y eventos de todo tipo e importancia, dan su visión  a través de una obra variada, inteligente, profunda y ácida en muchos casos, de esta realidad, metamorfoseada pero reconocible, y que tiene un público extenso, aunque no mayoritario. Quizás por eso no cuentan mucho para los censores, aunque algunos creadores sí se la han tenido que ver con esta especie, y claro, acorde con los tiempos que corren, la censura es discreta, de baja intensidad, esa que deja pocas huellas visibles.

Es así que a pesar de los pesares, que son muchos, nuestras experiencias están recogidas al margen del poder; lo importante, como para aquel personaje de George Orwell, es no perder la memoria. Contamos sin dudas con una historia otra, activa, en proceso y constante renovación, pues, parafraseando una sentencia de viejo corte surrealista: la política entra por la ventana después que la hemos sacado por la puerta.

Otros grupos que podrían situarse en la zona de los creadores, comparten esos intereses, y actúan de forma privada, o como se dice ahora, independiente, fuera de los circuitos, pero también desde el arte y el pensamiento reflexionan sobre el hecho de ser aquí y ahora. No están en la oposición que se enfrenta por sistema, tampoco en los círculos de la oficialidad artística que intenta justificar desesperadamente lo que es evidente para todo el mundo. Estos muchachos y muchachas, pues son muy jóvenes en la mayoría de los casos, hacen, que es la mejor forma de decir en un país manifiesto por su indiferencia, donde la mayor parte está vuelta hacia sí, intentado escapar puertas adentro de la crisis, que, como el gato del cuento, sigue sentado allá afuera.

Existe demás otros medio alternativo que no participa de las tipologías de los anteriores, pero que lo rebasa en alcance: la vox populi, la voz de la calle, esa frecuencia radial que crece y se diversifica y lo indaga todo y nadie puede parar, pues no hay modo; allí está la historia viva y mutando, con verdad, mentira, imaginación, certidumbre, recreación y burla, esa prensa libre que va de un lado a otro con todo lo que se le escapa a la censura.

Sin embargo hay muchas voces que piensan este momento con frescura e inteligencia, a través de los medios de comunicación a nuestro alcance: el correo electrónico, las memorias flash, el CD, los discos extraíbles, las revistas de corta tirada, fanzines y algunas veces internet, circulan y dialogan las ideas dentro y fuera. Hacen la diferencia en estos tiempos de silencio institucional, de intereses políticos según la conveniencia del momento, acuerdos según la circunstancia, simulaciones y manipulación de una historia congelada y repetida hasta el cansancio, son las propuestas que el pensamiento y la acción de grupos de gentes de los que muchos no se conocen, pero que tienen objetivos comunes, está poniendo sobre la mesa la realidad en este momento.

Que no se diga, cuando finalmente venga un cambio, ―ojalá para bien― que no hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos, que aunque tuvimos que hacer silencio en la calle o las reuniones, no colaboramos con ideas para nuestro destino, o esperamos que otros nos dijeran qué hacer. Lo que sí sería triste, y de lo que habló en su momento Mañach, es que las mejores mentes de nuestro tiempo, llegado el caso, se retiren nuevamente asqueados de la escena política, dándole paso a los usurpadores que siempre van a existir, dispuestos por naturaleza o conveniencia a esperar el momento para repetir la historia de otro modo, y eso, es lo que menos necesitamos.

Ojalá que estas experiencias nos sirvan para bien, que tantos años de pérdidas y sacrificios inútiles nos hayan enseñado algo más que a quejarnos y decir que somos así y no es posible ser de otro modo. Entonces el viejo filósofo discurseador sonreirá en su tumba, reconciliado al fin.

Es el modo de ir construyendo una historia alternativa, dejar una constancia de este momento que está pasando ahora mismo y debe ser recogido, pues sabemos de sobra que un país sin memoria, sin historia ―efectiva y participante―es un país inexistente.

Ya que todas las posibilidades a corto y mediano plazo de un cambio han estado  congeladas, nos queda el impulso de dejar una huella, para que los que vengan después no olviden también y no permitan que en su nombre se cometan los mismos desmanes que arrastramos desde la República. Esperemos que así sea y que podamos al fin re-construir este sueño tan viejo, recuperar el tiempo perdido, podernos emocionar nuevamente cuando escuchemos el himno nacional o veamos la bandera, y cuando llegue el momento, sea realidad aquella frase dicha hace mucho tiempo de con todos y para el bien de todos.

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