VÍCTIMAS O CULPABLES

POR: Randy Caballero Suárez

Baracoa

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Desde hace muchos años es costumbre ver en estas calles de Baracoa y de muchas otras ciudades cubanas a hermosas jovencitas, muchísimas de ellas aún menores de edad acompañadas de arcaicos extranjeros, una gran mayoría con la figura de la muerte reflejada en el rostro, pero felices de al menos poder manosear y babosear lo que llaman carne fresca, este panorama, no por viejo, deja de sorprender al resto de la población que en reiteradas ocasiones les observa hasta con asco, por cierto, no es para menos, uno de los tantos sentimientos que una de estas escenas refleja, y tal vez el principal es el asco, la repugnancia, el desprecio por haberse vendido tan baratas. Creo que muchos se preguntaran que sienten esas niñas y adolescentes que acarician y sucumben a los desmanes lujuriosos de los centenarios, con los cuales muchas han contraído nupcias y han logrado, como ellas mismas lo dicen, escapar de la isla, de su crítica situación económica, política y social, para ellas es como si las puertas del paraíso celestial se les abrieran de par en par para darle la bienvenida al mundo de la abundancia, las despreocupaciones y la buena vida, donde nunca más, y mientras sean inteligentes, van a tener que preocuparse por que comen, que visten o que hacen para comprarse un par de zapatos. Analizando la situación muchos dicen que las pobres son víctimas de las circunstancias, de los tiempos malos que corren, incluso del sistema social y político implantado un mal día en la isla y que a dado al traste con los sueños y aspiraciones de la población, la cual se siente incapacitada e impotente de resolver sus problemas diarios de alimentación, vestido y muchas otras aristas más que comprenden el diario vivir, otras personas se inclinan a pensar y hasta decir que no se trata de eso, que los tiempos son malos, que la vida está dura, pero que haciendo un esfuerzo se puede vivir sin caer en el vértigo del sacrifico, sin dar la luz y el perfume al mejor postor que venga de no sé que lugar en busca de manzanas frescas, que se trata de una profesión tan vieja como el hombre mismo: la prostitución, y que una vez en ella, como todo resulta más fácil, se necesita no sé que fortaleza para salir de sus lazos, el número de jovencitas llevadas a prisión por el asedio a extranjeros, por prostitución y por representar un peligro para la sociedad a raíz de su postura liberal en esta urbe y en todo el país es alarmante. Me parece, sin cuestionar a nadie, que ambas opiniones están en lo cierto, que en esta actitud hay un poco de todo, pero también sostengo como premisa fundamental que eliminando lo que provoca este flagelo se eliminarían tales conductas, por eso creo que primero deben atacarse las causas que las provocan, y luego decidir si son víctimas o inocentes las que sucumban a ellas.

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