EDUCACIÓN FORMAL

POR: Randy Caballero Suárez.

Baracoa

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Muchos de los que ya peinamos canas recordamos como en nuestra edad de estudiantes, hace más de veinte años, a diario en la escuela nos recalcaban nuestros maestros estas palabras, sometiéndonos a largas y cansonas charlas que aunque en ese momento no entendíamos del todo su significado nos empeñábamos en poner en práctica, nunca en mis años de estudiante de la enseñanza primaria, recuerdo haber visto a ningún joven pasar por delante de alguna persona mayor sin antes saludar o pedir permiso, en mi mente continúan grabadas las numerosas imágenes de aquellos muchachos que salíamos de la escuela pendientes de cualquier anciano o anciana que fuese a cruzar la calle para disputarnos su mano y ayudarlos a atravesarla, o de aquella persona mayor que fuese cargado de los mandados para entre dos o tres llevarles su carga hasta su casa aunque aquello significase el llegar tarde a la nuestra, sin más gloria o beneficio que el de haber hecho un bien y haber puesto en práctica lo aprendido, muchas de esas escenas morirán conmigo en mi mente, las extraño, las anhelo, las deseo ver repetidas en los que ahora se llaman jóvenes  y poseen la fuerza y la salud para hacerlas.

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Desgraciadamente no es así, a cambio de aquellas nobles y enternecedoras tardes, de aquellas lindas y educadoras acciones nos topamos a diario un vendaval de obscenidades entre los miembros de la llamada nueva generación, aquellos a quiénes han entregado el futuro y se creen dueños del mundo, para nada cuentan entre la juventud las reglas de la educación formal, las malas palabras han llegado a formar parte imprescindible de la sociedad y de una gran parte de sus habitantes, en especial de los más jóvenes. Las causas de este enorme descontrol y falta de todo lo bello y humano que debería regir el comportamiento de las nuevas generaciones son muchas, unos alegan la falta de una buena educación en el hogar, otros refieren que la culpa es de los maestros; otros, y otros, con los que para nada estoy de acuerdo, señalan que son otros tiempos y que la vida ha cambiado mucho, en realidad son otros tiempos, la vida ha cambiado pero la noción del bien y del buen comportamiento flota sobre todo y no naufraga jamás. Es verdad que la educación recibida en el hogar es fundamental, según la enseñanza recibida de nuestros padres y tutores así será nuestro comportamiento, pues los primeros veinte años de nuestra vida son los que más influyen en nuestro carácter y en nuestra personalidad, pero de fundamental hay que catalogar también el papel de los maestros y profesores debido a que los estudiantes pasan más tiempo en las escuelas que en sus casas, y corresponde a los educadores el saber guiarlos por la senda correcta e inculcar en ellos estos hermosos valores que ya ni se mencionan en los centros de enseñanza, todo debido a la entrega de la educación, la cual no es lo mismo que la instrucción a jóvenes maestros graduados en unos pocos meses a consecuencia del déficit de profesionales de ese sector, maestros muchas veces de la misma edad o menor que sus alumnos, y con una falta de preparación tan grande que son incapaces hasta de responder el nombre o el autor de la primera obra literaria cubana, jovencitos y jovencitas que en edad de aprender enseñan, o hacen un esfuerzo sobre humano para transmitir lo que han aprendido en seis o nueve meses de instrucción a sus alumnos, y que por supuesto, por falta de tiempo y también de vocación para nada se les enseñó a ellos la educación formal.

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